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lunes, 13 de junio de 2016

El perro y Kakasbal

Les voa contar una historia que mi mamá me contaba cuando era sólo un dziriz, a ella se lo contó su papá y así ha persistido por generaciones. Espero les guste.

Cuenta la leyenda, que hace mucho tiempo, había un hombre muy pobre y solitario que siempre estaba de mal humor y tenía un desafortunado perro con quien se desquitaba por su mala suerte maltratándolo todos los días.

En una ocasión, Kakasbal (dios del mal), vio al perro llorando y decidió tentarlo diciéndole:

- Si tu dueño es de muy malos sentimientos para contigo, ¿por qué no lo abandonas?.

El perro, muy triste, le dijo:

- Es mi amo y debo serle fiel.

Kakasbal, insistió y le dijo:

- Yo podría ayudarte a escapar, te conseguiría una familia, no tendrías que sufrir más.

Pero el pobre perro dijo:

- Por nada lo dejaré. No importa que no me quiera, yo siempre le seré fiel.

Pero tanto insistió Kakasbal que el perro, por quitárselo de encima, le dijo:

- Creo que me has convencido, ¿dime qué debo hacer?

Y Kakasbal le dijo:

- Sólo entrégame tu alma.

El perro le dijo:

- Te daré mi alma, pero si me das un hueso por cada uno de mis pelos.

Kakasbal aceptó y comenzó a contar. Cuando ya estaba por la cola, el perro pensó en su amo y sabía que si el mal terminaba de contar sus pelos, tendría que abandonarlo. En ese momento el perro dio un gran salto y la cuenta se perdió. Kakasbal, enojado, le preguntó:

- ¿Por qué te mueves?

Y el perro le dijo:

- No puedo con las pulgas que me comen día y noche. Vuelve a empezar.

Cien veces Kakasbal empezó la cuenta y cien veces tuvo que interrumpirla porque el perro saltaba. Al fin, Kakasbal dijo:

- No cuento más. Me has engañado, pero me has dado una gran lección: Es más fácil comprar el alma de un hombre que el alma de un perro.

@donyucateco

miércoles, 8 de junio de 2016

La historia del carpintero

The Carpenter

Había una vez un viejo carpintero que, cansado ya de tanto trabajar, estaba listo para acogerse al retiro y dedicarle tiempo a su familia. Así se lo comunicó a su jefe, y aunque iba a extrañar su salario, necesitaba retirarse y estar con su familia; de alguna forma sobrevivirían.

Al contratista le entristeció mucho la noticia de que su mejor carpintero se retiraría y le pidió de favor que si le podía construir una casa más antes de retirarse. El carpintero aceptó la proposición del jefe y empezó la construcción de su última casa pero, a medida que pasa el tiempo, se dió cuenta de que su corazón no estaba de lleno en el trabajo.

Arrepentido de haberle dicho que sí a su jefe, el carpintero no puso el esfuerzo y la dedicación que siempre ponía cuando construía una casa y la construyó con materiales de calidad inferior. Esa era, según él, una manera muy desafortunada de terminar una excelente carrera, la cual le había dedicado la mayor parte de su vida.

Cuando el carpintero terminó su trabajo el contratista vino a inspeccionar la casa. Al terminar la inspección le dio la llave de la casa al carpintero y le dijo: "Esta es tu casa, mi regalo para ti y tu familia por tanto años de buen servicio". ¡El carpintero sintió que el mundo se le iba! Grande fue la vergüenza que sintió al recibir la llave de la casa, su casa. Si tan sólo él hubiese sabido que estaba construyendo su propia casa, lo hubiese hecho todo de una manera diferente.

Así también pasa con nosotros. A diario construimos relaciones en nuestras vidas, y en muchas ocasiones ponemos el menor esfuerzo posible para hacer que esa relación progrese. Entonces, con el tiempo es que nos damos cuenta de la necesidad que tenemos de esa relación. Si lo pudiésemos hacer de nuevo, lo haríamos totalmente diferente. Pero no podemos regresar. Tú eres el carpintero. Cada día martillas un clavo, pones una puerta, o eriges una pared.

Alguien una vez dijo: "La vida es un proyecto que haces tu mismo. Tus actitudes y las selecciones que haces hoy construyen la casa en la cual vivirás mañana". ¡Construye sabiamente! Recuerda... trabaja como si no necesitaras el dinero; ama como ni nunca te hubiesen herido; baila como si nadie te estuviera observando.

Para el mundo tal vez tu seas una sola persona, pero para una persona tal vez tú seas el mundo.