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lunes, 24 de octubre de 2016

La leyenda de la Xtabay

Árbol de ceiba
En cierta región vivían dos mujeres cuya naturaleza y carácter era totalmente opuestos.

Xtabay, una de ellas; era realmente bella, aunque el pueblo la llamaba Xkebán, que significa 'prostituta'. Era una joven llena de pasión, seductora y que ofrecía su amor a cualquier viajero, sin importarle lo que opinaran de ella; siempre se mostraba amable y alegre ante cualquier circunstancia.

Muy cerca de su hogar vivía otra joven llamada Utzcolel, que quiere decir buena y decente mujer; la dama era virtuosa, recta y honesta. Todos en la región sabían que no era capaz de cometer ningún desliz o pecado ni con el pensamiento. Las dos jóvenes eran muy parecidas en su belleza corporal.

martes, 14 de junio de 2016

La leyenda del Cocay

Photinus pyralis Firefly glowing

Hace mucho tiempo había un médico muy querido en el Mayab, el único que curaba toda enfermedad. Cuando iban sus pacientes tomaba una piedra verde en sus manos y susurraba. Eso era suficiente para sanar a cualquiera.

Un día salió a pasear y comenzó a llover. Al correr para protegerse de la lluvia la piedra se le salió del bolsillo. Más tarde cuando iba a una casa para que sanara a un niño, buscó su piedra y no estaba. Quiso ir a por ella, pero pensó que tardaría mucho, así que reunió a varios animales: el venado, la liebre, el zopilote y el cocay. Les dijo: “Necesito su ayuda, perdí mi piedra en el monte y sin ella no puedo curar, quien la encuentre será premiado”.

Y aunque el cocay fue quien más se ocupó de la búsqueda, el venado encontró la piedra, mas no quiso compartirla y se la tragó. Pero en cuanto lo hizo enfermó, le dio un dolor de panza tan fuerte que tuvo que vomitar la piedra y luego huyó asustado.

Mientras tanto, el cocay daba vueltas por el monte revisando todos los rincones aunque los demás animales ya se habían cansado. Era el único buscando hasta que vio en su mente el lugar en que se encontraba la piedra. Voló hacia allí y sintió cómo una luz salía de su cuerpo e iluminaba su camino, fue así que pronto halló la piedra.

-Señor, tenga su piedra -le dijo al médico con su cuerpo encendido-.

-Gracias, cocay. Esa luz que sale de ti es tu recompensa. Desde hoy te acompañará siempre para guiar tu vida.

Todos lo felicitaron, excepto la liebre, que sintió envidia de su luz y quiso robársela. Lo siguió al monte.
-Enséñame tu luz, -le gritó.

El cocay detuvo su vuelo y la liebre le saltó encima. El cocay quedó aplastado y casi no podía respirar cuando la liebre empezó a saltar de un lado a otro pues creía que el cocay se había escapado.

El cocay voló despacio y al verla distraída, voló sobre su frente, y encendió su luz. La liebre se llevó un gran susto porque creyó que le había caído un rayo y ardía en fuego, llegó hasta un cenote y se lanzó al agua. En cuanto saltó, el cocay voló y desde lo alto se rió mucho de la liebre.

Desde entonces, todos los animales respetan al cocay, no vaya a ser que un día los engañe con su luz.

Leyenda maya.

lunes, 13 de junio de 2016

El perro y Kakasbal

Les voa contar una historia que mi mamá me contaba cuando era sólo un dziriz, a ella se lo contó su papá y así ha persistido por generaciones. Espero les guste.

Cuenta la leyenda, que hace mucho tiempo, había un hombre muy pobre y solitario que siempre estaba de mal humor y tenía un desafortunado perro con quien se desquitaba por su mala suerte maltratándolo todos los días.

En una ocasión, Kakasbal (dios del mal), vio al perro llorando y decidió tentarlo diciéndole:

- Si tu dueño es de muy malos sentimientos para contigo, ¿por qué no lo abandonas?.

El perro, muy triste, le dijo:

- Es mi amo y debo serle fiel.

Kakasbal, insistió y le dijo:

- Yo podría ayudarte a escapar, te conseguiría una familia, no tendrías que sufrir más.

Pero el pobre perro dijo:

- Por nada lo dejaré. No importa que no me quiera, yo siempre le seré fiel.

Pero tanto insistió Kakasbal que el perro, por quitárselo de encima, le dijo:

- Creo que me has convencido, ¿dime qué debo hacer?

Y Kakasbal le dijo:

- Sólo entrégame tu alma.

El perro le dijo:

- Te daré mi alma, pero si me das un hueso por cada uno de mis pelos.

Kakasbal aceptó y comenzó a contar. Cuando ya estaba por la cola, el perro pensó en su amo y sabía que si el mal terminaba de contar sus pelos, tendría que abandonarlo. En ese momento el perro dio un gran salto y la cuenta se perdió. Kakasbal, enojado, le preguntó:

- ¿Por qué te mueves?

Y el perro le dijo:

- No puedo con las pulgas que me comen día y noche. Vuelve a empezar.

Cien veces Kakasbal empezó la cuenta y cien veces tuvo que interrumpirla porque el perro saltaba. Al fin, Kakasbal dijo:

- No cuento más. Me has engañado, pero me has dado una gran lección: Es más fácil comprar el alma de un hombre que el alma de un perro.

@donyucateco